domingo, 12 de agosto de 2012

La importancia del punto y final

Aunque las fuerzas me fallen, estoy por aquí de nuevo. En más de una ocasión he tenido ideas de escribir algo, pero siempre por A o por B, lo he dejado aparcado.

Lo último que escribí fue un cuento hará dos o tres madrugadas, que no podía dormir y con el móvil lo escribí. No lo voy a publicar aquí porque estaba escrita con un solo propósito y fin.

Últimamente me ha dado por reflexionar en muchas cosas de la vida, en muchas y en nada a la vez, cosas que me afectan directamente y otras indirectamente, eso sin contar que tengo sueños de lo más raro esas ultimas noches.

El tema que siempre me ha preocupado y que me he llevado una buena temporada sin pensarlo, fallo mio, es si realmente el amor existe como nos lo pintan en las películas, un amor para siempre, un amor hasta que la muerte los separa.

Si miro a mi alrededor, las gentes cambian de parejas, se enamoran y desenamoran con la misma facilidad que se cambian de bragas. He llegado a la conclusión o que soy la única que debe existir con sentimientos de verdad o soy una enamorada del amor. Yo creo más bien en la primera opción, eso, o es que realmente no me cambio las bragas, a saber ¬¬

Cuando te das cuenta que la persona por la que te has desvivido no te corresponde, que te ha utilizado, con todo el dolor, que debo añadir de paso que en una entrada anterior dije que nunca entendí como se podía "romper un corazón", ahora debo decir que sé lo que es, pero eso lo dejo para otra entrada, como decía, cuando te das cuenta que solo has sido una pieza que ya no sirve para la otra persona, es cuando quieres empezar a poner soluciones a tu vida. La dificultad viene en la pregunta del millón, ¿cómo salir adelante? ¿como andar con la cabeza bien alta?

La verdad que fácil no es, sobre todo cuando dejas de creer en el ser humano, cuando desconfía hasta de tu propia sombra y vives agobiada sin saber como enmendar tu vida.

Hace poco leí que la confianza sube por las escaleras y baja por el ascensor, yo creo que sube por las escaleras pero baja tirándote desde la azotea. No entiendo como puedes trabajarte la confianza de alguien durante tiempo y luego tirar todo el trabajo por la borda en un simple segundo, ¿realmente sabemos valorar lo que tenemos?

Esa es otra de las preguntas que me hago, estando en mi negrura como estoy, ¿estoy realmente valorando lo que me está viniendo o estoy tan enfrascada en mis males que lo estoy dejando pasar? Quizás llevara razón esta persona que me dijera que no me sé valorar y que todo mi mundo gira en quien no debe, el problema está en cuando en la historia de tu vida, para acabar el libro y empezar otro nuevo, tienes un punto y seguido, entonces, necesitas poner este punto y final para empezar el siguiente libro.

¿Cuantos puntos finales tenemos que poner en nuestra vida? Ahora es cuando miro atrás y veo que hay muchos, los primeros no cuestan tantos, pero conforme maduramos y aprendemos a valorar las cosas, nos van costando más, pero tarde o temprano, siempre se termina con un punto y final, en ocasiones, con miedo a ponerlo por si realmente es un punto y aparte o un punto seguido.

Porque en la vida de una persona, tenemos tantas historias escritas, que nos cuesta comprender muchas cosas. Como el amor, ¿qué es realmente el amor? Algo duradero o algo temporal.

Recuerdo aquella serie en la que la canción decía que nada era para siempre, nunca lo quise creer, reconozco que siempre fui una enamorada más del amor que de la propia persona en sí, hasta que ha sido al revés. Como decía, nunca me ha gustado esta canción por ser tan realista, por ser tan dura y por ser una canción que te puede dar dos hostia en un momento.

Y yo me pregunto, si nada es para siempre, ¿realmente merece la pena dar entrada a nuestras vidas a alguien nuevo que nos pueda volver a dañar? ¿merece la pena las segundas oportunidades? ¿merece la pena darnos una nueva oportunidad? Pero claro, responder que no sería lo mismo que preguntar, ¿merece la pena la vida sabiendo que vamos a morir?

Hace poco me preguntaron si nuestro destino estaba escrito en algún lado o nosotros elegimos el camino. Lo que creo, como dije en mi respuesta, es que el destino está escrito, pero nosotros nos encargábamos de llegar antes o más tarde según el camino que escogiéramos. Es curioso como todos tenemos un final, pero la historia no está escrita, sino que la escribimos nosotros según nuestras acciones, según nuestros arrebatos, según nuestros impulsos.

Eso me hace recapacitar muchas cosas, ¿realmente por no hacer lo que quiero, sino lo que quiere otra persona, estoy escribiendo en mi libro una historia falsa? ¿estoy escribiendo realmente mi verdadera historia? 

Se puede decir que, pensando en el cambio de marcha de un coche, estoy en punto muerto, ni avanzo ni retrocedo, para colmo ni estamos en cuesta arriba ni en cuesta abajo, completamente paralizada, sin reaccionar, solo aferrándome a un pasado que hace daño y que no merece la pena recordar.

Pero... ¿qué es el futuro? ¿No es el futuro nuestras próximas acciones fruto de lo que hemos aprendido en el pasado? ¿Eso nos hará madurar o ser más desconfiado? ¿Se puede volver a actuar como fuiste en una ocasión o se verá marcada por tu pasado?

Nos guste o no, el pasado siempre marcará nuestras vidas, nuestras almas, nuestros corazones... sobre todo cuando tienes que recoger pedazos y cicatrizar.

¿Paga quien no debe los platos rotos de otros? Si no sabemos controlar nuestros impulsos guiados por el dolor, la desesperación, la rabia... entonces pagará quien menos lo merece lo de otros, por ello, nunca podemos dejar una historia de nuestra vida abierto, sin terminar, con un final, bueno o malo pero con un final, de ahí, que los puntos finales siempre sean tan importante.

Y una vez que se pone un punto y final, entonces es hora de guardar en nuestra estantería del pasado el libro y coger uno completamente en blanco donde empezar nuestra historia del futuro.

No hay más, cerrar una historia con un punto final y comenzar otra hasta que las hojas del libro te dejen.

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